Autocrítica

“Y allí donde se enconde el sol

donde se pierde mi voz

estoy seguro que te encontraré

Cielo del Sur nunca te podré olvidar”

Hoy sábado tengo mi último servicio de noche de la temporada. Y, aquí estoy, sentado una vez mas en una silla de hospital preparando la semana que viene. Mi mente se ha detenido un momento a hacer un balance de la temporada en el restaurante.

Suelo ser muy exigente conmigo mismo en el trabajo. Creo que eso viene derivado de que, años atrás, era muy dejado en mi vida diaria. Así que, pienso que con el tiempo he ido mejorando mucho en la organización en mi trabajo.

Pero esa autoexigencia me lleva también a saber analizar mis errores.

Se que no ha sido un año muy bueno para mí en el trabajo. Si retrocediese a los tiempos del colegio, diría que he sacado un suficiente. He cumplido.

La acumulación de temas personales, en los que no voy a entrar, porque este no es un blog para lamentarme, creo que me han sobrepasado un poco.

Echo mi mente un año atrás y me acuerdo del vuelo de vuelta de Tailandia. Venía preparando cambios en la carta del restaurante. Llegaba con ganas de comerme el mundo. Por poner un ejemplo, este blog que ahora lees, surgió a la vuelta de aquel viaje.

Septiembre fue un mes complicado. Bajas en el restaurante, cambios de personal y una boda de 180 personas que, con tantos imprevistos, me llevó al límite de mis posibilidades. Lo bueno fue que todo salió genial.

Había pasado un mes y aquella energía parecía que se había quedado en el vuelo de Air India.

Apenas ha habido un par de cambios de carta en el año donde he introducido platos nuevos. Han sido varios los momentos en que me he puesto con papel y boli a pensar, pero las ideas no han surgido.

Un paseo por el mercado. Una visita a un restaurante. Una escapada. Pero el bloqueo ha seguido.

Por no hablar de los postres. Hace un par de años dediqué mis domingos libres a unas prácticas de pastelería en el bienestrellado restaurante Coque. Pues nada, ni siquiera todas las técnicas que aprendí allí me han servido para sacar un postre nuevo. Con buen resultado eso sí. Crema de mascarpone con bizcocho de cacao, perlas de chocolate y helado de café. Una versión del tiramisú que llevaba buscando de hace tiempo.

Pero bueno, tampoco hay que fustigarse. Pese a que está claro que en mi profesión, una de las cosas que mas se valora es la creatividad. Somos personas. Con nuestros estados de ánimo que influyen en todo momento en lo que hacemos.

Yo me considero un tío muy optimista. Por eso, estos últimos meses de reflexión han hecho que me decida a apostar por mí mismo como cocinero y en nuestro proyecto de Cinco Sentidos (siempre lo veo como un proyecto que llevo con Laura).

Así que este verano servirá para darle un nuevo lavado de cara al local. Queremos darle una imagen mas enfocada a restaurante. Sabemos que es un local pequeño y, probablemente, no es el más bonito del mundo. Pero sí es el salón en el que más cariño hemos invertido.

Volveré en septiembre no solo con la fuerza que volaba en aquel avión, sino con el doble al menos. Y con la cabeza llena de ideas que volverán a surgir y poder expresarlas en mis platos nuevos.

¡FELIZ VERANO A TODOS!

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