C’est la vie

No vine aquí para hacer amigos /

pero sabes que siempre puedes contar conmigo/

dicen por ahí que soy un animal/

pero en el fondo soy un sentimental”

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Hace unos días estuve viendo, después de que me la recomendarán varias personas, el film francés C’est la vie!

Ojo, voy a hacer un pequeño espoiler, aunque es del principio de la peli. No podía parar de reír en la primera escena, con el maitre llamándoles cutres a unos posibles clientes ante el continuo regateo de estos.

 

 

Tras terminar de ver el largometraje pensé, tengo que escribir sobre anécdotas que me han pasado a lo largo de mi vida con los comensales.

Pese al rato de carcajadas con el dueño cinematográfico del catering, se que no se puede tratar nunca así a un cliente.

 

Ser bocazas

Lo aprendí hace años.

En mi antiguo restaurante tenía como asiduo al conocido Rappel. Sucedió que una semana cerramos para hacer ciertos arreglos en el local. A mediodía parábamos y nos íbamos todo el personal a comer a un local cercano.

Un día, comiendo en ese lugar, apareció el futurólogo a comer y nos comentó: podíais avisar que estáis cerrados. Y a mí se me ocurrió hacerle una broma como respuesta, “hombre Rappel, que me lo diga otro pero tú, deberías saberlo”.

No le hizo gracia, y jamás volvió a El Paseante, como se llamaba mi casa de comidas por entonces.

Esa vez aprendí que a un cliente no se le puede decir lo primero que te pasa por la cabeza.

Desde ese día he lidiado con miles de clientes y me han pasado situaciones muy variadas.

Uno que te pide un café del tiempo, aquel que quiere medio entrecot al punto y otro medio muy hecho, u otro que te devuelve unas lentejas con calamares y almejas “porque le saben a pescado”.

Son tantas las anécdotas.

 

Historias, historias, historias

Hace unos días me escribe una agencia para pedirme presupuesto para un cóctel de 150 personas, “si puedes me lo mandas hoy mismo y que sea muy barato”. En el último regateo me decía que había conseguido a alguien que le ponía la bebida y que quería un menú que constara de palomitas, pizzas y patatas fritas. Lo siento, ese no es mi negocio, fue mi respuesta.

Otros son más directos, queremos un catering a domicilio máximo 10 euros por persona que nos incluya la bebida. Juro que me lo han llegado a pedir.

O aquel que te reserva una mesa de grupo y para quedar guay con sus compañeros les dice delante tuyo: “no os preocupéis que Antonio seguro que nos hace precio”. Chico, al menos llámame por mi nombre si quieres empezar a regatear antes de tiempo.

Son muchos los tipos de clientes. Ahora están de moda las intolerancias. Y hay unos pocos que, muy a la ligera, las hacen suyas. Tuve un caso de una persona supuestamente celiaca. En esas situaciones siempre salgo personalmente a la mesa a recomendarle. Después de explicarle toda la carta, con su gluten y demás, me pide unas croquetas. Croquetas.

También están los nuevos críticos gastronómicos. Con el boom de MasterChef (ay cuanto daño ha hecho MasterChef) y con internet, ahora todo el mundo sabe de gastronomía. “Este plato está muy bueno, pero yo le pondría una ralladura de trufa para que fuera una explosión de sabores”… Uno piensa, pues vete a tu casa y te lo haces como quieras. Pero te acuerdas de Rappel, te muerdes la lengua y sonríes.

Aunque son dos las cosas que más me fastidian.

Esto no es fácil…

Las críticas en internet de gente que opina de tu negocio y de tu trabajo cuando ha ido solo una vez a tu restaurante, o incluso sin ir.

Para poner una opinión en TripAdvisor de un local ni siquiera hay que haber ido al mismo. Pongo este ejemplo, de una persona que opina de nuestro camarero colombiano, nuestras tablas de queso y de jamón.

Pero a lo que voy, como me dice siempre mi amigo José, harto de algunas críticas que le hacen de su negocio. ¿Te imaginas que pudieras opinar absolutamente de cualquier persona o trabajo en internet?.

Y, por último, que me estoy alargando. Aquellos que reservan y no aparecen.

¡Ay! Aquí sí que me gustaría contratar un futurólogo que me dijese, este que te está reservando no va a aparecer. No te puedes hacer una idea del daño que hacen a un negocio. Conseguirán que se pida una tarjeta para hacer un bloqueo para la reserva como en los hoteles.

Ya para acabar, te voy a relatar la situación más desagradable que he tenido nunca en mi trabajo.

Un sábado a mediodía con el restaurante lleno. Una mesa de 6 personas. 4 entrantes, 6 segundos, 4 postres y 4 botellas de vino. Todos los platos vuelven vacíos excepto un par de los postres.

Terminan y uno de mis chicos me dice que los clientes quiere hablar conmigo. Por supuesto salgo al salón.

Uno de los señores me comenta “es la mayor mierda que hemos comido en la vida, estaba realmente asqueroso, ¿en serio tu estás orgulloso de esta mierda que cocinas?”.

Al principio no reacciono, pero al momento le digo que no me falte al respeto, que si me puede decir tranquilamente que es lo que no les ha gustado para mejorarlo, ya que los platos han vuelto vacíos. Su respuesta es que se los han comido porque tenían hambre y que soy un chulo. En ese momento les digo que les preparo la cuenta porque no tengo porque aguantar su falta de educación.

Sus siguientes palabras son las que me hacen darme cuenta del tipo de cliente y de persona ante la que estoy. ¿Ah, que encima nos vas a cobrar?.

Estas son solo algunas anécdotas de más de 20 años de experiencia. La mayoría de los días convivimos con gente genial que con sus palabras, o viéndoles disfrutar de tu trabajo o simplemente repitiendo visita hacen que uno se vaya satisfecho para la cama.

Hace un par de semanas tuvimos una pareja que me llamó varias veces, me preguntó el precio medio, me hizo mandarle la carta con las tarifas y me pidió si les podía sacar una tarta porque era su aniversario. Cuando acabaron la cena me dijeron que había sido fantástico. Que ellos salían poco a cenar porque no se lo podían permitir pero que era uno de los mejores restaurantes en el que habían estado nunca.

Me fui entusiasmado a casa. Al día siguiente fui yo el que nada más levantarme le mandé un mensaje para darle las gracias por habernos elegido en una fecha tan especial para ellos y para que supiera que me había hecho feliz con sus palabras.

Porque no siempre hay que decir solo las cosas malas.

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